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Un buque de superficie no tripulado (USV) volcó mientras regresaba a su puerto base. A pesar de la preocupación del equipo que lo pilotaba por el empeoramiento de las condiciones meteorológicas, la misión en el mar se prolongó debido a la presión comercial. Esta prolongación llevó la operación más allá de los límites previstos para el buque y, mientras regresaba a puerto, el USV volcó en una zona muy transitada de aguas navegables.
El USV fue finalmente recuperado.
Este vuelco pone de relieve los peligros de las decisiones operativas que ignoran los límites medioambientales, especialmente bajo presión comercial. Se conocían los riesgos meteorológicos, pero la operación continuó a pesar de ello, llevando al buque más allá de los parámetros de seguridad.
A medida que los USV y los MASS (Marine Autonomous Surface Ships, Buques Autonomos de Superficie) se vuelven más comunes, es necesario establecer líneas claras de responsabilidad. Es esencial identificar quién tiene la autoridad última sobre su despliegue y recuperación. Sin esta claridad, la confusión o los errores de juicio podrían tener graves consecuencias.
Tanto el propietario como el operador son legalmente responsables de la seguridad de su buque y de cualquier otro buque cercano. Superar los límites operativos documentados podría hacerlos legalmente responsables. Además, una reciente decisión de la OMI confirma que los servicios de rescate financiados por el Estado no están obligados a recuperar embarcaciones no tripuladas. Esto plantea importantes cuestiones sobre el daño medioambiental y los riesgos para la navegación que suponen las USV averiadas o volcadas que quedan a la deriva.
Las USV dañadas también pueden suponer un peligro físico. Pueden comportarse de forma impredecible, tener piezas móviles o contener sistemas eléctricos activos. Sin un conocimiento específico de la embarcación, acercarse a ella podría ser peligroso. Este incidente también plantea la cuestión de si los propietarios y los responsables de la toma de decisiones aceptaron un mayor riesgo de incidente simplemente porque la embarcación no tenía tripulación. Aunque puede que no haya un riesgo inmediato para las personas, las consecuencias operativas, legales y medioambientales más amplias siguen siendo significativas.
Las normas actuales de formación y certificación tienen dificultades para seguir el ritmo de los avances tecnológicos. Los equipos de operaciones remotas suelen estar formados por profesionales con gran experiencia y titulaciones como OOW sin limitación, primer oficial, capitán y capitán de yate. Sin embargo, existe una necesidad urgente de revisar el Convenio STCW y los marcos normativos relacionados para reflejar la realidad operativa de los USV y los MASS. Las normativas también varían considerablemente entre países, lo que añade aún más complejidad cuando estos buques operan a través de fronteras o en aguas internacionales.
Este suceso sirve de advertencia al sector marítimo: a medida que avanza la autonomía, también deben avanzar la previsión, la formación y la responsabilidad. La presión comercial nunca debe prevalecer sobre la seguridad. La comunidad marítima, los legisladores y los operadores deben colaborar para garantizar que las normas de seguridad evolucionen al mismo ritmo que la innovación.
Presión– La decisión de prolongar la misión, a pesar de los riesgos meteorológicos conocidos, se basó en consideraciones comerciales más que en la seguridad operativa.
Conciencia Situacional– Ir más allá de los límites operativos del USV expuso a la embarcación a riesgos innecesarios. El equipo de operaciones lo entendió, pero no así el equipo comercial.
Comunicaciones– Transmitir a todo el equipo los riesgos asociados a esta operación debería haber dejado claros los peligros a cada uno de los participantes.
Conclusiones Clave
Marinos – Expresen su opinión, aun cuando no haya nadie a bordo. Este incidente demuestra el valor del criterio profesional, incluso en operaciones remotas. Los marinos y los equipos de operaciones marítimas deben seguir confiando en plantear sus inquietudes, especialmente en lo que respecta al clima y los riesgos. La ausencia de tripulación no significa la ausencia de responsabilidad.
Dirección- La presión comercial compromete la seguridad. La decisión de la dirección de ampliar las operaciones más allá de los límites de seguridad, a pesar de las recomendaciones del equipo marítimo, contribuyó directamente al vuelco. Las decisiones en materia de seguridad deben basarse en el riesgo, no en los ingresos, y los equipos operativos deben estar facultados para actuar sin interferencias.
Legisladores – Las embarcaciones remotas aún necesitan normas. El uso cada vez mayor de USV y MASS exige un marco legal claro y requisitos de formación actualizados. El Convenio STCW debe evolucionar para incluir las operaciones remotas, y la responsabilidad por la seguridad de estas embarcaciones debe ser inequívoca y exigible.