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CHIRP recibió un reporte relacionado con la fatiga en el que se pone de relieve el impacto continuo del cansancio en todo el sector marítimo. Basándose en el relato del informante y en otras notificaciones sobre fatiga, CHIRP presenta esta perspectiva de seguridad combinada para ilustrar una preocupación sistémica más amplia en materia de seguridad. La consistencia de los informes recibidos por CHIRP sugiere que no se trata de preocupaciones aisladas, sino de indicadores recurrentes de una situación más extendida en el sector. Este informe incluye la taxonomía SHIELD (“Safety Human Incident and Error Learning Database”, Base de datos de aprendizaje sobre incidentes y errores humanos en materia de seguridad) para proporcionar un contexto más amplio.
La fatiga sigue siendo uno de los riesgos más persistentes y menos denunciados en las operaciones marítimas. Rara vez se debe a un único turno largo o a una semana difícil aislada. Lo más habitual es que se desarrolle gradualmente debido a la exposición prolongada a horarios exigentes, a un tiempo de recuperación insuficiente, a la presión por la falta de personal y a una cultura en la que «aguantar» se convierte en la norma.
CHIRP sigue recibiendo informes sobre personal con patrones de trabajo que implican turnos de noche repetidos, sueño interrumpido, estrés elevado y disminución del estado de alerta. Aunque las horas mínimas de descanso puedan registrarse como cumplidas, en la práctica a menudo no se logra una recuperación auténtica.
Esta distinción es importante: el cumplimiento normativo no siempre significa que una persona esté en condiciones de desempeñar sus funciones de forma segura.
Muchos modelos de guardias se desarrollaron partiendo de supuestos que ya no reflejan las operaciones marítimas actuales. Los tripulantes se ven ahora expuestos a una mayor carga mental y emocional, que incluye una conectividad constante con la dirección en tierra, un entorno de tráfico de información durante las 24 horas del día y unas exigencias administrativas cada vez mayores. Las escalas en los puertos son más rápidas, los horarios comerciales son más ajustados y, con frecuencia, se imponen tareas adicionales sin que aumente, o apenas aumente, la cantidad de personal o el tiempo disponible.
Al mismo tiempo, los retos de contratación y retención en algunos sectores han reducido los niveles de experiencia a bordo, lo que ejerce una mayor presión sobre quienes permanecen en el barco y aumenta la exposición a la fatiga. La incertidumbre sobre la llegada oportuna de los relevos puede añadir más tensión. Varios informantes describieron fatiga acumulada tras un trabajo nocturno prolongado, con períodos de recuperación que no restablecían por completo los patrones normales de sueño.
Estos informes son especialmente preocupantes porque a menudo afectan a personal con experiencia que es consciente de los riesgos, pero que, aun así, tiene dificultades para gestionar la exposición a la fatiga. En varias de las comunicaciones se han señalado microsueños, lapsos de concentración y conatos de accidente relacionados con la fatiga durante la realización de tareas rutinarias. Estos incidentes no deben descartarse como lapsos aislados o fallos individuales, ya que indican que los márgenes de seguridad podrían estar viéndose ya mermados.
Las alarmas de la maquinaria, los fallos de mantenimiento o la falta de fiabilidad de los equipos son factores desencadenantes reconocidos que justifican una intervención, y el mismo principio debería aplicarse al deterioro del rendimiento humano. Los sistemas se desconectan cuando la maquinaria no es segura; las organizaciones deberían actuar de manera similar cuando el personal ya no está lo suficientemente descansado para desempeñar sus funciones de forma segura.
CHIRP ya ha destacado anteriormente la tensión existente entre la seguridad operativa y la eficiencia comercial. En algunos casos, los niveles de dotación de personal parecen basarse en los umbrales legales mínimos o en parámetros de referencia de costes, en lugar de en la carga de trabajo necesaria para un funcionamiento seguro. Cuando la planificación depende de que las personas estén continuamente «esforzándose al máximo», es posible que el sistema ya esté funcionando más allá de los límites de seguridad.
Iniciativas en investigación como el Proyecto MARTHA y el programa Horizonte han contribuido a mejorar la comprensión de la fatiga, los límites del rendimiento humano y la carga de trabajo. Sus conclusiones refuerzan un mensaje claro: la fatiga no se puede gestionar de forma eficaz únicamente mediante trámites administrativos.
La fatiga no se limita a un departamento, rango o función concretos. Se observan patrones similares en el puente, la sala de máquinas y otras funciones críticas para la seguridad, tanto en la mar como en tierra. Es necesario aplicar medidas de detección, notificación e intervención de manera coherente, independientemente del nivel de experiencia o del cargo. Tratar la fatiga como un riesgo operativo compartido, en lugar de como una debilidad individual, es esencial para mantener márgenes de seguridad eficaces.
Una gestión eficaz de la fatiga requiere ir más allá de los requisitos mínimos de descanso para comprender cómo se experimenta realmente el trabajo («el trabajo tal y como se realiza»). Entre los indicadores tempranos se incluyen los cuasi accidentes repetidos, los lapsos de atención, el aumento de las tasas de error o las preocupaciones informales planteadas por el personal. Cuando se dan estos indicadores, la fatiga debe tratarse como un riesgo para la seguridad que requiere una gestión activa, de forma análoga a los defectos técnicos o al deterioro del equipo. Puede ser necesario ajustar la carga de trabajo, revisar los turnos, revisar la asignación de tareas o retrasar las actividades no esenciales para proteger los márgenes de seguridad. Cuando se dan estos indicios, se requieren medidas de mitigación inmediatas para evitar una mayor reducción de los márgenes de seguridad.
La fatiga rara vez aparece de forma repentina. Se acumula con el tiempo y puede llegar a considerarse algo habitual dentro de una organización, lo que dificulta la detección del riesgo.
Este informe pone de relieve la brecha existente entre el cumplimiento normativo registrado y la recuperación real. Un periodo de descanso registrado no garantiza un sueño reparador. El ruido, el estrés, la alteración de los ritmos circadianos, el trabajo nocturno repetido y el déficit de sueño acumulado reducen la calidad de la recuperación.
El informe también reitera que la fatiga afecta a todo el mundo, incluido el personal con experiencia. La competencia y la profesionalidad son importantes barreras de seguridad, pero no pueden superar los límites biológicos.
Los conatos de accidente relacionados con faltas de concentración o microsueños son señales de alerta tempranas de que los márgenes de seguridad pueden estar reduciéndose, lo que brinda la oportunidad de intervenir antes de que se produzca un incidente más grave.
CHIRP ha recibido informes anteriores que relacionan la fatiga con errores de navegación, toma de decisiones deficiente, comunicación ineficaz y atajos no seguros. Estos patrones aparecen de forma sistemática en todos los sectores, lo que demuestra que la fatiga sigue siendo un peligro sistémico generalizado.
Los niveles de dotación seguros deben revisarse periódicamente. En algunos casos, la tripulación mínima puede cumplir los requisitos reglamentarios, pero ya no refleja la realidad operativa a bordo, donde han aumentado la carga de trabajo administrativo, las exigencias de mantenimiento, la presión comercial y las expectativas de rotación en los puertos.
Cuando los sistemas dependen de que las personas estén continuamente «esforzándose al máximo», es posible que ya existan señales de alerta.
Fatiga — el déficit acumulado de sueño, los turnos de noche repetidos y una recuperación deficiente reducen el estado de alerta, la concentración y la capacidad de toma de decisiones.
Presión — las exigencias comerciales y operativas pueden fomentar la continuidad de las operaciones a pesar de una capacidad reducida para desempeñar las funciones.
Comunicación — se plantearon cuestiones relacionadas sin que se les diera una solución efectiva. Cuando las personas creen que sus inquietudes no conducirán a ningún cambio, es probable que disminuya la comunicación de incidencias y, sin duda, la moral se verá afectada.
Complacencia — los microsueños, los conatos de accidente o la fatiga pueden normalizarse si no se cuestionan ni se abordan.
Alerta — las personas pueden seguir trabajando, aunque estén fatigadas, en lugar de retirarse del servicio o comunicar sus preocupaciones. Es fundamental que los miembros de la tripulación permanezcan alerta y dejen de trabajar si sospechan que están fatigados.
Trabajo en equipo — la reducción de plantilla y la disminución del personal con experiencia aumentan la carga de trabajo y reducen la resiliencia del sistema. El trabajo en equipo es vital en estas circunstancias.
Prácticas locales — las secuencias prolongadas de trabajo nocturno pueden llegar a aceptarse culturalmente, incluso cuando no son seguras. Cuestione esta falsa normalidad y realice los cambios necesarios en los turnos para modificarla.
Actos — Qué falla – Faltas de atención involuntarias, disminución de la vigilancia, reacciones tardías y errores relacionados con la fatiga.
Condiciones previas — Factores que influyen en el rendimiento – Déficit de sueño, alteración del ritmo circadiano, estrés, recuperación deficiente, elevada carga de trabajo y disminución de la vigilancia.
Liderazgo operativo — Políticas que afectan al trabajo – Turnos, decisiones sobre la dotación de personal, asignación de tareas y gestión diaria del riesgo de fatiga.
Influencias organizativas — Influencia de la empresa/entorno externo – Modelos de dotación de personal, presiones de contratación, prioridades comerciales, cultura de seguridad y la eficacia de los sistemas de gestión de la fatiga.
Una dotación mínima no siempre significa una dotación óptima. El cumplimiento sobre el papel no garantiza que el riesgo de fatiga esté controlado en la práctica.
Autoridades reguladoras
El cumplimiento documentado debe evaluarse en función de la carga de trabajo real, la carga administrativa y el ritmo operativo para determinar si los controles de fatiga son eficaces.
Operadores/Gerentes
Los sistemas que dependen de que las personas cansadas se las arreglen por sí mismas son inseguros. Los niveles de tripulación, los horarios y las cargas de trabajo deben reflejar la realidad operativa. Los indicadores de fatiga, como las alarmas de los equipos, deben dar lugar a la intervención de la dirección.
Gente de mar / Contratistas
La profesionalidad es una barrera de seguridad importante, pero no debe ser la única. Manténgase alerta ante señales de alerta tempranas, como la disminución de la concentración, la irritabilidad o los errores repetidos. Plantee sus inquietudes a tiempo, apoye a sus compañeros y compruebe las tareas críticas cuando el riesgo de fatiga sea elevado.