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Se informó de la preocupación por las condiciones sanitarias y de higiene a bordo del buque. El Certificado de Exención de Control Sanitario del Buque se había renovado recientemente; sin embargo se entiende que sólo se expidió el certificado, sin que se facilitaran los detalles de la inspección ni la documentación justificativa correspondiente.
Se observó una aparente infestación a bordo. Se dispone de pruebas fotográficas, aunque no pueden compartirse a través de este canal de notificación.
Durante la última escala en puerto, al parecer, este asunto fue registrado como una deficiencia por el PSC. Sin embargo, parece que el problema no se abordó en ese momento y, en su lugar, se aplazó hasta el siguiente puerto, lo que implica una travesía de aproximadamente tres semanas. Se entiende que la persona designada en tierra (DPA) estaba al corriente de la situación.
Además, se observó que el agua utilizada para cocinar y para el consumo diario presentaba una coloración amarillenta, lo que podría suscitar inquietudes respecto a la idoneidad de su uso. Se dispone de pruebas que respaldan el estado del agua.
Estas condiciones pueden estar teniendo un impacto adverso en la salud y el bienestar de las personas a bordo.
Este informe identifica graves deficiencias que entran dentro del ámbito de aplicación del Convenio sobre Trabajo Marítimo (MLC, 2006) de la Organización Internacional del Trabajo, concretamente en el Título 3: Alojamiento, instalaciones recreativas, alimentación y servicio de comidas. Las condiciones descritas no solo representan un posible incumplimiento de los requisitos del MLC, sino también un fallo más amplio en la aplicación efectiva de las medidas de protección de la seguridad y la salud a bordo.
La Norma exige que el alojamiento de la gente de mar se mantenga en condiciones seguras, dignas e higiénicas. La presencia de una infestación a bordo es un claro indicador de que las medidas básicas de gestión de la higiene y de control de plagas no se han aplicado ni mantenido de manera eficaz. Esto no puede atribuirse razonablemente a un descuido aislado, sino que apunta a deficiencias tanto en la gestión a bordo como en los sistemas de apoyo en tierra.
La Norma también exige el suministro de agua potable segura y adecuada. Los informes sobre el uso de agua con coloración amarillenta para cocinar y para el consumo diario representan un riesgo directo e inaceptable para la salud de la tripulación.
Tales condiciones sugieren fallos en los procesos de almacenamiento, tratamiento, control y verificación del agua. El uso continuado de esta agua indica que, o bien no se evaluó adecuadamente el riesgo, o bien no se actuó con la urgencia necesaria ante las preocupaciones identificadas.
Una preocupación clave que plantea este informe es la aparente brecha entre la identificación de deficiencias y su resolución efectiva. Registrar las deficiencias y luego darlas por resueltas sin medidas correctivas verificadas socava la integridad de los sistemas de gestión de la seguridad. Crea una ilusión de cumplimiento al tiempo que permite que persistan las condiciones peligrosas. Esto refleja una debilidad sistémica en la que se da prioridad al cumplimiento de los procedimientos sobre la eliminación del riesgo real.
Más importante aún, este caso demuestra una falta de actuación ante un peligro conocido. Las preocupaciones fundadas sobre la infestación y la calidad del agua potable no parecen haber desencadenado una intervención oportuna o eficaz por parte del armador/operador. Tampoco hay pruebas de un seguimiento riguroso a través de la supervisión de la Administración de la bandera o de control por el PSC. Permitir que un buque siga operando en tales condiciones representa un fallo significativo en múltiples niveles de garantía y cumplimiento.
El informe también plantea preocupaciones sobre la confianza de la tripulación en los mecanismos de reporte. La percepción de falta de confidencialidad y el temor a verse expuesto pueden disuadir de la notificación de problemas de salud y seguridad, lo que retrasa la intervención y aumenta el riesgo. Con el tiempo, esto contribuye a la normalización de condiciones deficientes, en las que problemas como la infestación pueden llegar a considerarse rutinarios en lugar de inaceptables. Dicha normalización suele verse reforzada por presiones comerciales y preocupaciones sobre posibles repercusiones, y supone una amenaza directa para la cultura de la seguridad.
En este contexto, el papel de la persona designada en tierra (DPA) es fundamental. El Código ISM exige que la DPA actúe como un enlace eficaz e independiente entre el buque y tierra, con la autoridad necesaria para garantizar que se aborden las preocupaciones en materia de seguridad. En este caso, la ausencia de una intervención eficaz plantea serias dudas sobre si la función de la DPA se está ejerciendo tal y como estaba previsto. Una función de la DPA que no dé lugar a una escalada oportuna y a medidas correctivas corre el riesgo de convertirse en administrativa en lugar de operativa, lo que socava el propósito del Sistema de Gestión de la Seguridad.
Cuando existan informes creíbles de infestación y de agua potable no apta para el consumo, el informe a la Administración de la bandera y, cuando proceda, al PSC, debe ser inmediato. Estos mecanismos existen para proporcionar una verificación y una aplicación independientes, y el hecho de no recurrir a ellos de manera oportuna permite que persistan condiciones inaceptables sin control.
Si bien los problemas identificados son graves, el mero hecho de denunciarlos es un indicador positivo. La mayor disposición de la tripulación a plantear estas preocupaciones sugiere un cambio gradual hacia una mayor transparencia. Sin embargo, este progreso solo se mantendrá si las denuncias dan lugar a medidas correctivas visibles, eficaces y oportunas. Sin ello, existe el riesgo de que se erosione la confianza en los sistemas de denuncia, lo que reforzaría las mismas condiciones que permitieron que se desarrollaran estas deficiencias.
Comunicación — se manifiesta en la brecha existente entre la identificación del problema y su resolución. Aunque se conocía el problema (PSC y DPA), la falta de detalles sobre las inspecciones y de medidas correctivas indica que la información crítica en materia de seguridad no se compartió ni se aplicó de manera eficaz.
Complacencia — puede estar presente en el hecho de que se haya seguido operando a pesar de conocer los problemas de infestación y de agua. El aplazamiento de las medidas sugiere una aceptación de las condiciones deterioradas, posiblemente influida por experiencias pasadas de funcionamiento sin consecuencias inmediatas.
Falta de asertividad — queda sugerida por la persistencia del problema. Aunque se informó de la gravedad del problema, es posible que no fuera suficiente para provocar una intervención oportuna, especialmente teniendo en cuenta los riesgos para la salud.
Presión — parece que las decisiones se vieron influidas por presiones operativas o comerciales. El hecho de posponer la rectificación hasta llegar a un puerto posterior sugiere que las consideraciones relativas al calendario o a los costes prevalecieron sobre la mitigación inmediata del riesgo.
Falta de recursos — puede haber contribuido a que no se abordaran los problemas en el momento de su identificación, incluyendo limitaciones de tiempo, de equipamiento o de acceso a contratistas.
Falta de liderazgo — esto se deduce de la ausencia de medidas efectivas a pesar de que se conocía la situación en tierra, lo que sugiere una priorización insuficiente o una falta de seguimiento de un problema de bienestar conocido.
Falta de concienciación — también puede ser un factor, especialmente en lo que respecta a los riesgos para la salud derivados de la exposición prolongada al agua contaminada y a las infestaciones, que quizá no se hayan valorado en su justa medida.
Prácticas locales — parece relevante, ya que posponer la reparación de defectos y continuar las operaciones en condiciones degradadas puede reflejar una práctica aceptada, aunque informal.
Organismos reguladores — «Si no lo verificas, no lo controlas».
Cuando la certificación se trata como una formalidad en lugar de como un proceso de verificación, la garantía se debilita y el riesgo se desplaza en lugar de controlarse.
Directivos — «Lo que permites hoy se convierte en la norma mañana».
Aplazar riesgos conocidos para la salud con el fin de mantener el calendario puede indicar involuntariamente que la seguridad es negociable, lo que refuerza la normalización de las condiciones deterioradas en todo el sistema.
Gente de mar — «Plantearlo una vez es informar; llevarlo hasta el final es proteger».
Notificar las preocupaciones es esencial, pero el seguimiento persistente y la elevación de las notificaciones son igualmente importantes cuando las condiciones siguen suponiendo un riesgo para la salud y la seguridad.